Si la guerra termina
Se acerca tu cumpleaños, espero esto te llegue antes del domingo. Me tomé la libertad de recolectar todo aquello que he ido encontrando en mi camino, pequeños fragmentos que gritan memorias de nosotros.
Hola apá, te escribo porque hace tiempo que no hablamos… no te he contado lo que he hecho estos últimos siete meses, pero ya me conoces, sabes que cuando escribo tomo todo lo que no alcanzo a decir para gritarlo con las letras… en fin; espero esta carta te guste al igual que todas las demás cartas que te he mandado, pero lo haré diferente en esta ocasión, la monotonía me mata poco a poco y me gustaría regalarte a distancia este pedazo de mí. Pensamientos cotidianos que devienen del terror.
Me despierto por la mañana, olvidando un poco la realidad de la adultez mientras desayuno por las mañanas, no es como aquellos desayunos en los que preparaba nuestros cafés y ponía la mesa, ahora solo me despierto tarde para atrasar lo más posible al mundo; me levanto porque las obligaciones me arrastran y me tallan los ojos, voy a la escuela y me cuesta mucho despertar, creo que es el efecto de los antipsicóticos que tomo desde que me mudé aquí, el sonido del ambiente tampoco es agradable, tal vez es el ruido de mis pensamientos; últimamente todo se siente más pesado, el caos está presente todas las noches, llego a recostarme pero no logro descansar, mis amigos me dicen que las ojeras que tengo ya hacen que me confundan con un oso, uno muy cansado por cierto.
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