Memoria en las aulas: Los paros feministas de la U
Me parece ineludible hablar de los movimientos feministas en la UNAM; son fascinantes, tienen un aura que aún rodea las facultades y sigue llamando a levantarse y luchar. En mi experiencia, se siente como el último gran movimiento de Ciudad Universitaria. Afirmarlo puede parecer arriesgado, por lo que exige una argumentación sólida. En ese sentido, Paul Almeida ofrece una clave de lectura con su definición de movimiento social, entendido como “una colectividad excluida que mantiene una interacción sostenida con las élites económicas y políticas en busca del cambio social” (Almeida, 2020, p. 25).
En 2019, las alumnas de la UNAM enfrentaban una grave ola de acoso y violencia sexual. La experiencia compartida de estas violencias llevó a once facultades a entrar en paro bajo la consigna de frenar el acoso sexual dentro de las aulas. Sin embargo, el movimiento no surgió de manera aislada. Su desarrollo estuvo ligado a un contexto histórico marcado por una creciente ola feminista a nivel global y por acontecimientos detonantes, como el feminicidio de Lesvy Berlín Osorio en mayo de 2017, hechos que intensificaron el descontento y la organización estudiantil. El resultado fueron escuelas cerradas durante casi cuatro meses, un acontecimiento que marcó profundamente a la universidad y evidenció la necesidad urgente de reformas estructurales. Las estudiantes no sólo denunciaban la violencia, también buscaban transformar de manera reformista fondo la manera en que la UNAM gestiona estos conflictos, por ejemplo, mediante la creación de comisiones tripartitas en la Facultad de Filosofía.
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