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Cuando la disidencia reproduce la norma.

Cuando la disidencia reproduce la norma.

Cuando se habla de relaciones entre personas que somos parte del colectivo LGBTIQ+ suele asumirse que, por el simple hecho de no ser heterosexuales, estas relaciones desafían por completo las estructuras que sostienen la heterosexualidad obligatoria. Sin embargo, las lógicas heterocis atraviesan diversas esferas de la vida social y afectiva, por lo que también es posible que se reproduzcan dentro de vínculos entre personas de la disidencia sexual.

8 de junio de 2026

POR Valeria Rosado Villalobos

Cuando se habla de relaciones entre personas que somos parte del colectivo LGBTIQ+
suele asumirse que, por el simple hecho de no ser heterosexuales, estas relaciones
desafían por completo las estructuras que sostienen la heterosexualidad obligatoria. Sin
embargo, las lógicas heterocis atraviesan diversas esferas de la vida social y afectiva, por lo
que también es posible que se reproduzcan dentro de vínculos entre personas de la
disidencia sexual.
Entendemos a la heterocisnormatividad como un sistema que considera la heterosexualidad
y la identidad cisgénero como lo normal, universal y deseable. Desde edades tempranas,
aprendemos a cumplir con una serie de expectativas en cuanto a roles de género y formas
de vincularnos y también empezamos a construir un imaginario de proyecto de vida que
vaya de acuerdo con aquello que se considera legítimo. Estas normas, al estar tan
arraigadas a nuestro ser, no desaparecen de forma instantánea por el simple hecho de
reconocernos como personas LGBTIQ+, por el contrario, en muchas ocasiones, las
seguimos usando como referentes a partir de los cuales construir nuestras propias
relaciones afectivas y pocas veces nos detenemos a pensar ¿Por qué replicamos un
sistema que ni siquiera nos toma en cuenta?.
Es común escuchar frases como “¿Quién es el hombre de la relación?” o “Pero si son
lesbianas entonces no tienen sexo realmente” y como éstas, muchas más afirmaciones o
dudas reflejan una “necesidad” social de traducir los vínculos disidentes a categorías
comprensibles para el imaginario heterocis, como si hubiera un máximo aceptable de
disidencia. Aunque estas preguntas provienen del exterior, al estar inmersxs dentro de este
sistema, en ocasiones nosotrxs mismxs terminamos organizándonos a partir de dinámicas
que siguen reproduciendo expectativas asociadas al género y, en algunos casos, generando
relaciones de poder desiguales.
Además de lo anterior, la influencia de la heterocisnormatividad no se limita a los roles de
género. También se manifiesta en la manera en que organizamos y otorgamos el valor de
nuestros vínculos afectivos. El sistema heterocis sitúa a la pareja romántica en lo más alto
de la pirámide relacional, considerándola más importante que las amistades, la comunidad y
cualquier otra red de cuidado. El modelo de la familia nuclear y el ideal de la pareja

monógama, establece que el objetivo deseable de la vida adulta es encontrar una única
persona con quien construir un proyecto común, limitando la posibilidad de imaginar
modelos relacionales más amplios, donde el cuidado y el afecto no dependan de una única
figura central. Aunque las relaciones entre personas LGBTIQ+ desafían la norma
heterosexual, pueden seguir reproduciendo la idea de que el amor romántico constituye la
forma más valiosa de vínculo humano. Así que, a pesar de que la inclusión de las personas
homosexuales dentro de modelos tradicionales de pareja es algo inherentemente positivo
ya que refleja un avance hacia una aceptación de la diversidad, no necesariamente
cuestiona las estructuras afectivas dominantes, sino que las reafirma.
Reconocer la presencia de estas lógicas no implica afirmar que todas las relaciones
reproducen las mismas dinámicas. Más bien, supone comprender que construir nuestros
vínculos fuera de la cultura en la que hemos sido socializadxs es altamente complejo.
Las relaciones afectivas son espacios donde se negocian constantemente normas, deseos
y formas de poder. Por ello, identificar la influencia de la heterocisnormatividad puede abrir
la posibilidad de imaginar otras maneras de relacionarnos, más conscientes y diversas,
incluso para las personas heterocis.
Para concluir, definitivamente, las relaciones entre disidencias tienen el potencial de
cuestionar las normas tradicionales sobre género, sexualidad y afectividad, pero no estamos
automáticamente libres de ellas. Analizar cómo las lógicas heterocis permean en estos
vínculos nos permitiría comprender mejor la complejidad de la experiencia afectiva y así tal
vez, abrir la puerta a pensar formas de relacionarnos que no solo amplíen la idea de a quién
amar, sino también cómo hacerlo.

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