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Mujeres frente a una crisis climática que no es ne

Mujeres frente a una crisis climática que no es ne

La explotación de los recursos como el petróleo, el oro, el litio y la madera han perjudicado a las comunidades, indígenas y negras en diferentes regiones del sur del mundo que han quedado marginados de la generación de la riqueza de estos recursos, aun cuando son ellos quienes sufren los impactos directos. Es importante mencionar también, que, en esta actualidad con conflictos bélicos de nuevo en el mapa, como si la historia no nos hubiera enseñado nada, se contribuye más a la desgracia climática que vivimos. Un estudio del Journal of Environmental Management señaló que todo el aparato bélico desde la fabricación de armas hasta la movilización de tropas y los ataques producen hasta el 5.5% de las emisiones de CO2 del mundo. En Gaza, por ejemplo, el 90% del agua ya no es apta para el consumo humano.

4 de septiembre de 2026

POR Yunen Castellanos Lucero

Nos asamos este verano que está terminando, es verdad. Y como no, cuando vivimos los años más cálidos jamás registrados, manteniendo una temperatura global por encima del umbral crítico de 1,5 °C establecido en los acuerdos internacionales.  Por si fuera poco, de acuerdo con el Copernicus Climate Change Service C3S, la temperatura media superficial de los océanos del planeta alcanzó un récord histórico de 21,1 °C y sí, con estos datos todavía hay quien niega la existencia del calentamiento global como en nuestro vecino país, un magnate inmobiliario que nada más y nada menos es hoy comandante en jefe del país.

Podríamos comentar sobre qué genera el cambio climático y por qué llegamos a este punto crítico, pero por ahora me limito a señalar, que las emisiones globales están claramente configuradas por sector. Como lo han establecido diversas publicaciones científicas, como la europea Nature Climate Change en 2025, los más ricos, es decir, el 10% del mundo, son los responsables de casi la mitad de las emisiones y los más pobres contribuyen con aproximadamente el 10%. Esto quiere decir que, el cambio climático no es una responsabilidad compartida, es una inequidad estructural, por eso, me gustaría escribir sobre los costos de la crisis climática y quienes los asumen, porque una vez más tenemos sobre la mesa una problemática global que genera inequidad y racismo ambiental, porque la crisis climática no es neutral. 

Haciendo un repaso rápido, la inequidad a nivel global data del colonialismo, recordemos que la riqueza del norte global se construyó en su mayoría, desde la esclavitud, el robo de tierras y la explotación de sus recursos. Entonces, estrictamente hablando, la crisis climática no es realmente nueva, es la continuación de este sistema patriarcal y de explotación. Sí patriarcal, leyeron bien. 

La explotación de los recursos como el petróleo, el oro, el litio y la madera han perjudicado a las comunidades, indígenas y negras en diferentes regiones del sur del mundo que han quedado marginados de la generación de la riqueza de estos recursos, aun cuando son ellos quienes sufren los impactos directos. Es importante mencionar también, que, en esta actualidad con conflictos bélicos de nuevo en el mapa, como si la historia no nos hubiera enseñado nada, se contribuye más a la desgracia climática que vivimos. Un estudio del Journal of Environmental Management señaló que todo el aparato bélico desde la fabricación de armas hasta la movilización de tropas y los ataques producen hasta el 5.5% de las emisiones de CO2 del mundo. En Gaza, por ejemplo, el 90% del agua ya no es apta para el consumo humano. 

Algunos de los impactos para todas estas poblaciones, son el aumento de temperatura, los ríos contaminados, la pérdida de biodiversidad, la degradación del suelo, contaminación del agua, perturbación de ecosistemas enteros, y todo ello generando un desplazamiento forzoso de personas, enfrentando las más severas consecuencias los que se quedan en sus comunidades, con desafíos muy particulares para las mujeres sobre todo si son rurales e indígenas. 

En las muchas comunidades, por no decir la gran mayoría, las mujeres enfrentan una combinación de factores sociales, económicos y culturales que hacen que los fenómenos climáticos ya mencionados, tengan consecuencias más graves para ellas. Por ejemplo, las mujeres tradicionalmente tienen mayor responsabilidad sobre el cuidado del hogar, asumen una mayor carga en el cuidado de las infancias, adultos mayores y enfermos, si estás circunstancias ya son difíciles en un desastre climático se dificultan mucho más. Las mujeres rurales, tienen una mayor dependencia a los recursos naturales, agua, agricultura, bosques o pesca, de manera directa o indirecta se ven muy afectadas ante perdida de cosechas, escasez de agua o inundaciones. Su menor acceso a recursos económicos las pone en una enorme vulnerabilidad, regularmente no tienen empleos formales, acceso a tierra, a créditos y a participación en activos donde los hombres sí, esto automáticamente las pone fuera de los espacios de decisión quedando sus visiones y necesidades subrepresentadas en la toma de decisiones. Entonces, a la hora de un desastre climático, donde requieres movilidad, evacuación, ingresos extraordinarios, mucho más trabajo físico para cuidado, limpieza, acceso a agua potable, se hace muy evidente un impacto particular a las mujeres, adicional a los riesgos de violencia y explotación a los que están expuestas en el contexto del desastre. Y, por si fuera poco, de acuerdo con un estudio realizado por London School of Economics, las mujeres y los niños tienen 14 veces más posibilidades de morir en desastres climáticos. 

Las mujeres entonces son más vulnerables por las desigualdades estructurales de la sociedad en la que vivimos y el cambio climático sí nos afecta de forma diferenciada amplificando las desigualdades. 

El documento de Justicia Climática Feminista de ONU Mujeres publicado en 2023 señala que los gobiernos están en déficit a la hora de diseñar e implementar acciones contra el cambio climático y en consecuencia, no hay manera de que se puedan cumplir los Acuerdos de París. 

Por lo anterior, es muy importante exigir políticas climáticas y que éstas sean con enfoque de género, que no sólo protejan a las mujeres, que garanticen sus DDDHH, que les otorguen poder de decisión, recursos, financiamiento y liderazgo en las políticas de adaptación tomando en cuenta, que las mujeres son siempre además, agentes fundamentales de resiliencia climática. 

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