Se acerca tu cumpleaños, espero esto te llegue antes del domingo. Me tomé la libertad de recolectar todo aquello que he ido encontrando en mi camino, pequeños fragmentos que gritan memorias de nosotros.
Hola apá, te escribo porque hace tiempo que no hablamos… no te he contado lo que he hecho estos últimos siete meses, pero ya me conoces, sabes que cuando escribo tomo todo lo que no alcanzo a decir para gritarlo con las letras… en fin; espero esta carta te guste al igual que todas las demás cartas que te he mandado, pero lo haré diferente en esta ocasión, la monotonía me mata poco a poco y me gustaría regalarte a distancia este pedazo de mí. Pensamientos cotidianos que devienen del terror.
Me despierto por la mañana, olvidando un poco la realidad de la adultez mientras desayuno por las mañanas, no es como aquellos desayunos en los que preparaba nuestros cafés y ponía la mesa, ahora solo me despierto tarde para atrasar lo más posible al mundo; me levanto porque las obligaciones me arrastran y me tallan los ojos, voy a la escuela y me cuesta mucho despertar, creo que es el efecto de los antipsicóticos que tomo desde que me mudé aquí, el sonido del ambiente tampoco es agradable, tal vez es el ruido de mis pensamientos; últimamente todo se siente más pesado, el caos está presente todas las noches, llego a recostarme pero no logro descansar, mis amigos me dicen que las ojeras que tengo ya hacen que me confundan con un oso, uno muy cansado por cierto.
Te extraño mucho, estar lejos de ti solo ha confirmado aquello que más temo mencionar… el reconocer que no soy mucho, siempre me creí un antónimo de ti, pero ahora, mirándome menos en el espejo puedo confirmar que ha desaparecido una persona, hay veces en las que no reconozco mi silueta y tal vez sea por las cicatrices que he adquirido, pero también tengo el presentimiento de que es simplemente una forma en la que mi cuerpo grita ayuda.
Ver a aquellos que amo ser rodeados por el sufrimiento, la soledad, la desesperación, la ansiedad, el enojo, anticipando el duelo por la posibilidad de morir mientras mi corazón palpita tan rápido que pienso que me dispararon con una bala, es desolador.
Sé que ya he sido demasiado pesimista, pero me parece importante hacerte saber cómo he estado, ya va para el año en el que no sé nada de ti, cierro los ojos y la silueta de tí abrazándome es lo que mantiene mis pasos uno frente al otro.
Aunque no he tenido el valor de decírtelo, muy en el fondo, sé que te admiro más de lo que me gustaría aceptar, y que buscaría tu cariño bajo cualquier circunstancia posible; es irónico, porque aún sabiendo que nunca llenaré tus expectativas, sigo esforzándome por tener alguna mueca tuya, algún sigilo de cariño o amor, de admiración y orgullo. Estando tan lejos de ti, me ha hecho pensar sobre cosas en las que siempre estarás presente, incluso estando a millones de kilómetros… me has enseñado a encontrarte; en el sol, la luna, el sonido de las hojas secas cuando las pisas, los rayos de luz que fuerzan su entrada en cualquier rincón, lo sonoro de los lagos mientras metes la mano en agua helada, la búsqueda de salir continuamente de lo cotidiano, aquella sonrisa que no podías ocultar cuando amábas algo y que ahora busco asimilar. Pero no puedo encontrar reflejo alguno que sea digno de hacerme mirarme a los ojos, la rutina se ha convertido en una sentencia que lleva repitiéndose desde aquél día. El agua que escucho correr solo es aquella que pasa por mi garganta cuando la tomo, los rayos de luz se han convertido en un privilegio, uno por el que rezo todos los días, la neblina difumina la realidad porque ya no es algo que pueda admirar, al contrario, no me atrevo a subir la mirada por el miedo de caer en llanto, las flores ya no me buscan para que las vea. Tengo este sentimiento de estar en un estado permanente de anestesia; ciego ante la belleza que parece ocultarse a plena vista, como si pasara por alto todo aquello que me enseñó a amar(te).
Escribo llorando, con las manos temblando tratando de hilar mis pensamientos con mis emociones, mi cabeza con el corazón y mis piensos con mis acciones; solo no encuentro la manera de agradecerte todo lo que hiciste para construir a aquel hijo que siempre deseaste que fuera. Créeme que todo sería más fácil si representara al menos una fracción de milésima de aquello.
Incluso tengo miedo de pensarte leyendo esto, pensando en lo maricón y sentimental que es tu hijo, sé que lo piensas, sé que lo pensaste cuando te dije que tenía VIH, cuando me visitaste en el hospital y estabas rodeado por la muerte, cuando me regañaste por agarrar las bolsas del mercado doblando el codo.
Creo que lo único que me mantiene arraigado al viento, es reconocer y nombrar todas y cada una de mis emociones, como si pasara por mi mente toda mi vida, parpadeando mientras recuerdo qué partes de mí son las que debo salvar.
Pero si te soy sincero, me siento muy cansado, y agotado. Quiero aferrarme a ti, a mis hermanas, mi mamá, a la luna y las estrellas, quiero ser como tú; solo que es más difícil si no sé qué ha cambiado desde entonces, si te has vuelto más paciente o si abrazaste esa parte de ti para reconciliarte con tus emociones, si ya le dejaste de pegar a mamá, si dejaste el alcohol por otros vicios, aquellas posibilidades de cambio sólo pueden mantenerse en mi pensamiento. Si la guerra termina, entonces me gustaría verte, saludarte y abrazarte con la misma fuerza de tus errores, besarte y mirarte a los ojos mientras susurro un “lo logré”… Si la guerra me termina, entonces llegaré con la cabeza agachada, llorando como aquella infancia que se sentía abandonada, deseando sentir tu piel mientras me dices “ya pasó flaco”.
Solo me queda seguir teniendo la esperanza de saber leída esta carta, así como todas las demás cartas que te he enviado, me gustaría saber cómo van las cosas por allá, ¿el cielo es lindo? O estás aquí conmigo mientras escribo esto.
Te amo y espero verte pronto.
