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Contramarcha: resistencia disidente

Contramarcha: resistencia disidente

Ante una realidad donde la Marcha del Orgullo LGBTQIA+ ha sido cooptada por dinámicas de consumo y celebraciones vacías, la Contramarcha surge como una acción política que busca recuperar el sentido original del orgullo: la resistencia.

29 de junio de 2025

POR Aranza Hernández, especialista en género

Ante una realidad donde la Marcha del Orgullo LGBTQIA+ ha sido cooptada por dinámicas de consumo y celebraciones vacías, la Contramarcha surge como una acción política que busca recuperar el sentido original del orgullo: la resistencia. No busca la aceptación de las identidades disidentes dentro de un sistema opresivo, sino la eliminación de las dinámicas de poder que lo perpetúan y replican. Este espacio denuncia la violencia estructural que siguen viviendo las personas LGBTQIA+, especialmente las personas trans, racializadas, empobrecidas y migrantes, y expone cómo la lógica capitalista y neoliberal ha convertido al orgullo en un producto más.


La Contramarcha articula luchas que se interseccionan: reivindica la defensa de las territorialidades disidentes, resistiendo a los desplazamientos forzados, el despojo y la gentrificación que expulsan a comunidades enteras de sus barrios y lugares de pertenencia. Denuncia cómo los espacios históricamente seguros para personas queer han sido blanqueados, elitizados y apropiados para acomodar a los intereses inmobiliarios y extranjeros.


Además, la Contramarcha asume una postura anticolonial y antiimperialista, siendo la oposición al genocidio del pueblo palestino uno de sus ejes principales. Reconoce que la liberación queer y el orgullo como celebración no puede existir mientras se sigan violando los derechos humanos en nombre de intereses geopolíticos. Asimismo, repudia el uso del “pinkwashing” por parte de Estados que maquillan crímenes de guerra con discursos de inclusión que apelan a la homonostalgia. La Contramarcha intersecta las luchas de las corporalidades violentadas que resisten desde distintas territorialidades. El mensaje es claro: no hay orgullo posible en medio del exterminio, la ocupación y la injusticia. Este espacio nos recuerda que la resistencia existe más allá del arcoíris, se vive desde el cuerpo, el barrio y la trinchera. Marchamos hasta que todas las vidas que han sido históricamente violentadas sean celebradas y respetadas.


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